Sección
Kabala

Kabala
Condiciones
para el estudio
la Cábala
Una
persona no debe decir: “Iré y me ocuparé
del estudio de la Sabiduría de la Cábala”
antes de ocuparse del estudio de la Torá, la Mishná
y el Talmud. Porque ya enseñaron nuestros Sabios:
“Un hombre no debe ingresar al Pardés sin antes
haberse colmado de carne y de vino”. Porque esto sería
similar a un alma sin cuerpo, la cual no tiene recompensa
hasta estar unida a un cuerpo que alcance la perfección,
corregido por el cumplimiento de los preceptos de la Torá.
Y lo mismo sucede con el caso opuesto: si la persona se
ocupa de la Mishná y del Talmud sin tomar parte de
los secretos de la Torá y de sus misterios. Porque
sería como un cuerpo sentado en la oscuridad, sin
un alma divina que ilumine su interior, de modo que el cuerpo
se seca y deja de aspirar de la Fuente de Vida...
Porque los eruditos de la Torá que se ocupan del
estudio de la Torá por el valor del estudio mismo
y no para alcanzar la fama, deben ocuparse en un principio
de la Sabiduría bíblica, la Mishná
y el Talmud, tanto como ellos puedan, y después deben
ocuparse de conocer al Hacedor a través del estudio
de la Cábala. Tal como ordenó el rey David
a su hijo Salomón: “Conoce al Dios de tu padre
y sírvelo” (1 Crónicas 28:9).
Y si la persona sintiese cierta pesadez y dificultad en
lo referente a sus posibilidades de profundizar en el estudio
del Talmud, entonces es preferible que lo deje tras probar
su suerte en este estudio y que se ocupe de la Sabiduría
de la Cabala, tal como está dicho: “Todo erudito
de la Torá que no ve buenos signos en su estudio
del Talmud durante cinco años, ya no los verá”
(Julín 24ª).
A través del cumplimiento de los preceptos prácticos,
su cuerpo debe estar límpido al comenzar a estudiar
pues su objetivo es precisamente éste.... Y después
podrá el alma denominada “La vela de El Eterno
es la alma del hombre” (Proverbios 20:27) iluminar
en su cuerpo, tal como una vela colocada dentro de una vasija
de cristal, y le posibilitará entender los secretos
de la Torá.
(Shaar Haakdamot, Introducción)
Quien
escribe estas palabras jura en el gran Nombre del Bendito
que todo el que llegue a sus manos estos textos (en referencia
a los escritos de su maestro, el Arí Hakadosh) y
los estudie, y asuma el compromiso de cumplir todo lo aquí
escrito, que el Creador no permitirá que ningún
daño le suceda a su cuerpo, a su alma, y a todo lo
que posee.
Y quien viene a purificarse debe ante todo alcanzar el temor
a El Eterno ante la posibilidad de ser castigado. Pues el
temor motivado por la grandeza del Creador, el cual es considerado
el temor más interior, no se lo podrá alcanzar
sino hasta conocer la grandeza de la Sabiduría.
Y
la principal tarea de esta Sabiduría es quitar “las
espinas del viñedo”. Y por supuesto que se
despertaran contra él las klipot para tentarlo y
para hacerlo pecar. Por lo tanto debe ser muy precavido
en no cometer incluso una trasgresión involuntaria,
para que ellas –las klipot– se aparten por completo
de él. Y también debe ser cuidadoso con los
más mínimos detalles, ya que El Creador es
muy puntilloso con los justos. Por esta razón, debe
alejarse de la carne y el vino durante los días de
la semana, y tomar en cuenta tres aspectos: alejarse del
mal, hacer el bien y perseguir la paz.
Perseguir
la paz:
Debe
perseguir la paz, y no ser meticuloso con los miembros de
su casa ni sobre algo pequeño ni sobre algo grande,
y sobra aclarar que no debe enojarse, Dios no lo permita.
Alejarse
del mal:
Debe
ser muy cuidadoso en los detalles de los preceptos, e incluso
en lo referente a lo enseñado por los Sabios.
Debe
procurar corregir lo corrupto antes de llegar al Mundo Venidero.
Debe
ser muy cuidadoso en todo lo referente al enojo, e incluso
al amonestar a sus hijos no debe enojarse.
Debe
también cuidarse del orgullo, y en particular en
todo lo referente la Ley –Halajá-.
Debe
revisar sus actos y retornar a El Eterno cuando cualquier
desgracia lo acose.
Debe realizar un baño de inmersión, de acuerdo
con sus necesidades.
Debe
mantener sus relaciones íntimas con el espíritu
del cumplimiento del precepto bíblico y no con la
intención del disfrute personal.
No
debe dejar pasar una noche sin hacer un balance personal
de lo hecho durante el día y confesarse.
Debe
minimizar el tiempo que dedica a sus negocios. Y si vive
del comercio, entonces que dedique el día martes
y el día miércoles, a partir del mediodía
en adelante, a servir al Creador.
Debe
ser muy cuidadoso en lo que respecta a toda conversación
que no esté referida a un precepto o que sea obligatoria,
e incluso durante su plegaria debe evitar conversar sobre
un precepto.
Hacer
el bien:
Debe
levantarse a medianoche para realizar el orden denominado
Tikún jatzot, envuelto en llanto, y muy concentrado
en cada palabra que sale de su boca. Y luego debe ocuparse
del estudio de la Torá todo el tiempo que pueda,
sin dormir. Y al menos media hora antes del alba debe despertarse
para estudiar la Torá.
Debe
asistir a la sinagoga antes del alba, antes de que llegue
el momento de la obligación de envolverse con el
talit y colocarse los tefilín, para asegurarse de
ser contado entre los primeros diez asistentes - minián.
Debe
asumir el compromiso del precepto positivo de “Ama
a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico
19:18) antes de ingresar a la sinagoga, y después
entrar.
No
debe distraerse de sus tefilín durante el rezo, a
excepción del momento en el que pronuncia las Dieciocho
bendiciones y se ocupa del estudio de la Torá.
Debe
ocuparse del estudio de la Torá envuelto en su talit
y con los tefilín colocados en su cabeza y en su
brazo.
Debe
concentrarse debidamente durante su rezo.
Debe
colocar siempre ante sus ojos el Nombre Divino de las cuatro
letras y conmoverse y temblar ante él, tal como está
dicho: “He puesto a El Eterno siempre frente a mí”
(Salmos 16:8).
Debe
concentrarse al pronunciar todas las bendiciones, y especialmente
las bendiciones por el goce.
Debe
ocuparse esforzadamente en el estudio de la Torá
en los cuatro niveles denominados Pardés. Y no debe
suponer que se le han de revelar los misterios de la Torá
estando aún vacío, tal como está escrito:
“Da sabiduría a los sabios” (Daniel 2:21).
Y debe ser muy cuidadoso en no sacar palabra de su boca
relacionada con esta Sabiduría que no haya escuchado
de un hombre digno de confianza, tal como lo advirtieron
Rabí Shimón bar Iojai y sus colegas.
Este
material forma parte de una nueva publicación próxima
a salir, editada por Editorial Obelisco
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Nota:
La edición en español del Zohar, de Editorial
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