Sección
Kabala

Kabala
Edición
en español del libro Zohar
Introducción
general al estudio de la Cábala
El PODER DIRECTIVO
– HANHAGÁ – Y LA PROVIDENCIA –
HASHGAJÁ
El significado del término
hanhagá en la Cábala
En el lenguaje cotidiano un líder –manhig–
es un hombre que guía a otros hacia una meta determinada
y el Poder Directivo –hanhagá– es la
cualidad que caracteriza al líder. En la terminología
cabalística, el Poder Directivo, tiene un sentido
más amplio. Cuando decimos que el Creador dirige
su mundo, estamos diciendo que Él abastece al mundo
con todo lo necesario y que completa todo carencia.
En la Cábala, el Poder Directivo representa una dimensión
espiri-tual, ya que el mismo se ejerce por medio de las
sefirot, las cuales actúan a nivel espiritual. Las
sefirot «conforman» las raíces de la
rea-lidad material creada ex nihilo. Sin las raíces
espirituales no tendría existencia la realidad material.
Existen tres tipos de Poder Directivo: a) de la bondad (jesed),
b) del juicio (din) c) de la misericordia (rajamím).
Cuando decimos que el Creador dirige a su mundo con bondad,
nos referimos a que las sefirot de la línea de la
bondad, de la línea derecha, son las predominantes;
éstas son las responsables de sentar las raíces
espirituales que vitalizan y sostienen a la realidad material.
Tras asentarse estas raíces, un poder de iluminación
especial las lleva de la potencia al acto. Estas raíces,
que fueron formadas bajo la direc-tiva de la bondad, son
manifestaciones de la voluntad del Creador de dirigir a
su mundo con benevolencia. La diferencia entre el Poder
Directivo de la bondad y el del juicio reside en que, cuando
se entre-ga la directiva a las sefirot de la línea
del juicio, la línea izquierda, la cantidad y calidad
de las raíces espirituales serán inferiores
y de menor grado que las del Poder Directivo de bondad.
Como resulta-do de esto la realidad material que no es más
que la «traslación» de dichos poderes
espirituales, también será menor en cantidad
y calidad.
Estamos hablando de dos tipos de «abundancia»
que llegan a los seres creados:
Abundancia espiritual, que es la totalidad de las luces
emergentes de las sefirot.
Abundancia material, creación ex nihilo, que es la
traslación de dichos poderes espirituales para el
usufructo del hombre.
En contraste con el hombre que necesita convertir la abundancia
espiritual en material, hay criaturas más elevadas,
como por ejemplo los ángeles, que no necesitan nada
material, ya que carecen de cuer-po, y la abundancia que
les llega de las sefirot es puramente espiri-tual.
A continuación nos referiremos a la relación
existente entre los distintos tipos de Poder Directivo y
las sefirot.
El Poder Directivo en las
sefirot jesed, gevurá y tiferet
A pesar de que el Poder Directivo del mundo se divide en
diez sefirot, las mismas se subdividen en tres categorías
principales: a) la de la bondad, b) la del juicio, c) la
de la misericordia. Y si bien estos tres
tipos se adaptan a las sefirot de jesed, gevurá y
tiferet, los Sabios caba-listas que recibieron su sapiencia
del profeta Elías, nos enseñaron que durante
los seis mil años de existencia del mundo los seres
humanos no lograrán adaptarse a estas tres categorías,
debido a su bajo nivel espiritual.
La explicación es la siguiente. Como la esencia de
la bondad es brindar generosamente, sin límites,
se necesita un enorme nivel espiritual para sobreponerse
al instinto que inclina al individuo a apro-piarse de la
abundancia material y espiritual provenientes del Poder
Directivo del jesed, en lugar de dirigirlo por completo
al servicio del Creador.Ya que durante los seis mil años
no logramos los medios para recibir todo este bien, el resultado
inevitable ha de ser olvidarnos de Quién nos lo proporcionó,
tal como está dicho: «Y Ieshurún engordó
y luego pateó» (Deuteronomio 32:15).
Por otro lado, el mundo no puede soportar la severa crítica
que caracteriza al Poder Directivo del juicio. E incluso
el Poder Directivo de misericordia, que es el Poder Directivo
verdadero en su mayor esplendor, no se adapta a las criaturas
que no han llegado aún al nivel de la verdad. Por
consiguiente, vemos una realidad por espacio de seis mil
años, en la que ninguno de los tres principios rectores
(bondad, juicio y misericordia) se adapta. Es por eso que
el Creador emanó para este período un Poder
Directivo combinado entre las sefirot de netzaj, hod y iesod
y las sefirot de jesed, gevurá y tiferet, creando
un tipo par-ticular de conducción adaptado a este
tiempo.
La división de las
diez sefirot y el Poder Directivo
La característica de la sefirá de keter es
la abundancia de bondad y misericordia ilimitados para con
lo creado, sin importar los méritos del receptor.
Al respecto escribe el Talmud: «Mostraré compasión
cuando elija mostrar compasión» a pesar de
que no lo merezca (Tratado Berajot 7a). Desde este punto
de vista, tanto la sefirá de jojmá como la
de biná representan una gran nivel de bondad, debido
a su alto nivel espiritual. En otras palabras, cuando el
Creador dirige su mundo a través de las sefirot de
keter, jojmá y biná, una gran abundancia viene
al mundo, sean sus criaturas merecedoras o no. Y aun-que
la biná sea la raíz de la línea izquierda,
los juicios sólo provienen de la sefirá de
gevurá. La biná, por formar parte de las tres
sefirot pri-marias, es poseedora de bondad y misericordia
absolutas.
Lo que caracteriza a las tres primeras sefirot es la cualidad
de influir el bien en abundancia sin discriminar entre el
justo y el malvado. Mas la sefirá de jesed, cuya
cualidad es proporcionar generosidad en abun-dancia, la
otorga sólo a quién la merece. La sefirá
de gevurá se carac-teriza por su limitación
y restricción, y éste es el juicio en que
se sen-tencia a cada uno de acuerdo a sus actos.Tiferet
es la sefirá que media entre jesed y gevurá,
pero tiende más a la derecha, hacia la bondad.
La cualidad de la sefirá de netzaj es la de guiar
de acuerdo a la bon-dad –jesed–, pero no según
la bondad pura sino integrada con el jui-cio. Por ejemplo:
cuando un hombre es castigado y considera que se le ha hecho
un mal, a este Poder Directivo se lo denomina «un
hom-bre justo que está sufriendo» –tzadik
verá lo.Y si preguntamos: ¿Qué clase
de bondad es esta? La respuesta es que El Eterno hace un
gran bien con él, porque, como quiere beneficiarlo
posteriormente, lo cas-tiga en este mundo para expiarlo
y quitar toda inculpación hacia él; así
podrá recibir el bien eterno en el mundo por venir.
Este es un ejemplo de la bondad integrada con el juicio.
La cualidad de la sefirá de hod es el juicio integrado
con la bon-dad, y un ejemplo de esto es «un hombre
malo que prospera», –rashá vetov lo.
Al malvado le parece que le están haciendo un bien,
pero la verdad es que lo que está recibiendo es la
retribución a los pocos méritos que obtuvo
en este mundo; lo que de verdad se merece lo recibirá
en el Mundo Venidero. Este es un ejemplo del juicio integra-do
con la bondad.
La sefirá de iesod es la que media entre las sefirot
de netzaj y hod, pero se inclina hacia la izquierda.
Vemos que el Poder Directivo de estas seis sefirot –jesed,
gevurá, tiferet, netzaj, hod y iesod– se realiza
de acuerdo al comportamiento humano, y por eso al Poder
Directivo de estas se lo denomina «el Poder Directivo
de la justicia». Frente a este, la directiva de keter
jojmá y biná es absolutamente independiente
de las acciones humanas.
La característica de la sefirá de maljut es
recibir de las sefirot y supervisar a las criaturas, para
revelar el reinado Divino en el mundo.
La sefirá de maljut
– conexión entre el Creador y Sus criaturas
El objetivo de la creación es revelar la unidad del
Creador. Para lograr-lo El Eterno quiso que Su presencia
y providencia se extendieran sobre sus criaturas. En otros
términos, el Creador quiso que las cria-turas, poseedoras
de libre albedrío, supieran que existe una realidad
espiritual que las conecta con el Creador y que todas sus
acciones traen aparejadas una reacción apropiada
en los mundos superiores. La realidad espiritual que conecta
entre las criaturas inferiores y su Creador es denominada
Shejiná, la Divina Presencia, lo cual implica que
el Creador habita entre ellos.
En términos de sefirot, la Shejiná es la sefirá
de maljut. Ella capta el servicio a Dios que realizan los
hombres, y transmite lo que recibió a la sefirá
de iesod que se encuentra por encima de ella.
Debemos recordar que, la mano que se mueve, la boca que
habla y el cerebro que piensa, son meros instrumentos, ya
que la esencia del acto, del habla y del pensamiento es
el alma humana. El alma de cada persona en particular es
la esencia misma del Infinito, la «represen-tante
Divina» en el hombre. Aquí podemos comprender
cómo el ser-vicio a Dios, que es una labor física,
recibe significado espiritual de Santidad y pureza. De hecho,
lo que hace el alma humana es «tradu-cir» las
acciones físicas a valores espirituales. La sefirá
de maljut per-cibe el servicio a Dios a través del
alma.
Si durante el cumplimiento de los preceptos «físicos»
(como ser el ponerse las filacterias – tefilín)
logramos unir el pensamiento a la entrega y dedicación
que acompañan al precepto, ese acto no será
un mero acto físico sino una acción que vitaliza
al alma, la «representan-te Divina». Aquí
actúa la sefirá de maljut y traduce la acción
del pre-cepto, que es la voluntad del Creador, en valores
espirituales que se elevan así al grado de la sefirá
de iesod.
El Poder Directivo –hanhagá–
y la providencia –hashgajá
Debemos distinguir entre dos dimensiones, cuya esencia difiere:
el Poder Directivo y la providencia.
La providencia es la supervisión del Creador, la
cual recompensa a los hombres justos y castiga a los impíos.
Por otra parte, las reglas de cómo, cuánto
y de qué manera habrá de pagarse, son estipulados
por el Poder Directivo.
Hay veces en que el Creador dirige a Su mundo con extrema
bon-dad, hasta el punto que perdona a los malvados, y a
veces rige a Su mundo haciendo extremo juicio, de modo que
hasta los justos son castigados. Otras veces guía
a Su mundo bajo la línea media. Estos tres ejemplos
reflejan el poder director de bondad –jesed–,
juicio –din– y misericordia –rajamím–,
referidos anteriormente. La abundancia que llega a las criaturas
depende del Poder Directivo.
Por ejemplo, si una acción está siendo considerada
en el Juzgado Supremo, si el Poder Directivo usado es el
de la bondad, gran abundancia llegará al mundo, y
si el mundo está siendo regido por el Poder Directivo
del juicio, solo llegará una parte ínfima
de dicha abundancia.
Nos referimos entonces a dos
dimensiones:
La voluntad del Creador de aceptar el despertar espiritual
de Sus criaturas realizando Su voluntad, para así
poder retribuirles de acuer-do a sus actos. Esta es la dimensión
de la providencia.
Todas las leyes y reglamentaciones fijadas por el Creador
acerca de cómo retribuirles a sus criaturas por sus
actos. Esta es la dimensión del Poder Directivo.
El Poder Directivo pertenece a las sefirot, pero su consecuencia
es la abundancia material.
La abundancia que llega a los seres creados depende del
tipo de Poder Directivo que aplica el Creador en el mundo.
A pesar de que el Poder Directivo es un asunto espiritual
por tratarse de la raíz de todas las cosas, de todas
maneras la consecuencia de estas raíces se expre-sa
por medio de la abundancia material o espiritual que llega
a los seres creados.
La realidad material en su totalidad está compuesta
por cuatro ele-mentos: 1) fuego 2) aire 3) agua 4) tierra.
Cuando el Creador rige a su mundo con bondad, la consecuencia
de su Poder Directivo en el mundo material es el elemento
del agua (no nos estamos refiriendo sólo al elemento
agua, sino a la materia en que el elemento agua pre-domina).
Cuando el Creador rige a su mundo bajo la característica
del juicio, la consecuencia en el mundo material es el elemento
del fuego. Cuando el Creador rige a su mundo bajo la característica
de la mise-ricordia, la consecuencia es el elemento del
aire.
Esto indica que cuando el Creador rige a su mundo bajo la
carac-terística de la bondad, emergen raíces
espirituales especiales cuyas consecuencias materiales (la
forma en que se traducen al plano físi-co) se manifiestan
en el elemento del agua, y cuando el Creador rige a su mundo
bajo la característica del juicio, emergen raíces
espiritua-les especiales cuyas consecuencias materiales
cobran formas de fuego; y la medida de la misericordia echa
las raíces espirituales cuya consecuencia es el aire.
Estos tres principios, en conjunto con la tierra, que es
maljut, componen toda la realidad de los niveles inanimado,
vegetal, animal y humano.
Las sefirot de jojmá
biná y daat son la guía del Poder Directivo
La base del Poder Directivo se encuentra en las sefirot
de jesed, gevu-rá y tiferet. Estas sefirot son las
encargadas de establecer las reglas de la dirección
del mundo. Pero es necesaria otra decisión que determi-na
la intensidad de este poder, o en otros términos,
la cantidad y cali-dad de bondad, juicio o misericordia
que ha de llegar a los seres cre-ados. En las sefirot de
jesed, guevurá y tiferet se determina si el Poder
Directivo será del tipo de bondad, juicio o misericordia
y en las de jojmá, biná y daat se estipula
la intensidad de este poder.
Por ejemplo, si se determina que el Poder Directivo sea
del tipo de bondad, en jojmá biná y daat se
decidirá qué clase de bondad, si bon-dad ordinaria
o extraordinaria. La diferencia se encuentra en la canti-dad
y también en la calidad. Bajo la directiva de bondad
ordinaria cada uno recibe de acuerdo a sus acciones, y bajo
la directiva de suma bondad también los impíos
se ven beneficiados, aunque no sean merecedores.
A modo de ilustración se puede describir a la relación
de las sefirot entre sí como centelleos de iluminación.
Es como si una sefirá envia-ra iluminaciones y destellos
de luces y la otra los recibiera. Desde el punto de vista
intelectual, las sefirot son poderes mentales cuya rela-ción
depende del mutuo acuerdo entre la sefirá dadora
y la receptora. En este caso, las sefirot jojmá,
biná y daat actúan como dadoras e influyen
abundancia porque son el «cerebro» de las sefirot.
Las sefirot jesed, gevurá y tiferet son quienes reciben
este poder y actúan con-forme a él. En otras
palabras, las sefirot de jojmá, biná y daat
rigen y guían a las sefirot jesed, gevurá
y tiferet y por eso son consideradas las guías del
Poder Directivo.
En lenguaje cabalístico decimos que las sefirot jojmá,
biná y daat se revisten en las sefirot jesed, gevurá
y tiferet, y cuánto más com-pleto sea ese
proceso, cuanto mayor aceptación y acuerdo exista
entre las sefirot, más notoria será la influencia
de las sefirot jojmá, biná y daat.
Más arriba señalamos que el Poder Directivo
de las sefirot jojmá, biná y daat es el más
elevado, porque las raíces que salen de ellas son
las más prominentes cuantitativa y cualitativamente.
Por eso cuando percibimos un alto grado de iluminación
y de elevada intensidad ejer-cido por las sefirot jojmá,
biná y daat en jesed, gevurá y tiferet, el
Poder Directivo de jesed, gevurá y tiferet será
de mayor calidad y poder.
En otras palabras, cuando las sefirot jojmá, biná
y daat resplande-cen en las de jesed, gevurá y tiferet
con gran intensidad, aumentará el grado de bondad
que surja de jesed, gevurá y tiferet; y cuando jojmá,
biná y daat quitan su fuerza de jesed, gevurá
y tiferet, el resplandor de bondad que salga de jesed, gevurá
y tiferet decrecerá.
La transición del Poder
Directivo a la providencia
Hemos definido a las sefirot jesed, gevurá y tiferet
como lo principal del Poder Directivo, y a las sefirot jojmá,
biná y daat como su guía. La sefirá
de maljut es la ejecución misma de la acción.
Tomando el caso del hombre, vemos que no le es suficiente
pensar con el cerebro y sentir con el corazón, sino
que requiere de una fuerza adicional para lograr llevar
las decisiones mentales al plano de la acción. Lo
mismo sucede al nivel de las raíces espirituales.
Las sefirot netzaj, hod y iesod
tienen la cualidad de traspasar lo que se encuentra en jesed,
gevurá y tiferet a maljut, y así echar las
raíces de dichas fuerzas.
Ahora podemos dividir las sefirot desde un nuevo punto de
vista: las sefirot del Poder Directivo y las sefirot de
la providencia.
Las sefirot del Poder Directivo son nueve, y se dividen
así: jesed, gevurá y tiferet –el Poder
Directivo principal; jojmá, biná y daat–
la guía del Poder Directivo, y netzaj, hod y iesod
–la transición del Poder Directivo a la providencia.
La sefirá de maljut– es la providencia en sí.
Cada sefirá esta compuesta por diez sefirot
Hasta aquí, cuando nos referimos a las diez sefirot,
causamos la impresión de que cada sefirá obra
de acuerdo a su definición. Por ejemplo, la sefirá
de jesed actúa única y exclusivamente con
bondad, y la sefirá de gevurá, sólo
con valentía. Mas esto no es así ya que cada
sefirá está compuesta a su vez de diez sefirot.
La sefirá de jesed está compuesta por keter
de jesed, jojmá de jesed, biná de jesed, jesed
de jesed, gevurá de jesed, tiferet de jesed, netzaj
de jesed, hod de jesed, iesod de jesed y maljut de jesed.
Esto ocurre en todas las sefirot, y de hecho, estamos hablando
de un sin fin de sefirot, ya que cada una de estas subdivisiones,
a su vez, está sub-dividida en otras diez.
Se puede considerar a la Emanación de las sefirot
como una «ver-sión» saliendo de la anterior.
De acuerdo a esto la primer «versión»
es la de las diez sefirot del MUNDO DE LA EMANACIÓN,
y de cada una de ellas se desprende un sin fin de sefirot.
Cada sefirá que surge de la anterior es un poder
espiritual, expansión de la Divina voluntad, que
recibe su fuerza y su vitalidad de la causa que la generó.
Visto desde otra perspectiva, cada «nueva» sefirá
se torna causa y raíz de una realidad material, o,
como lo definimos anteriormente, cada sefirá se convierte
en la forma de una determinada materia. Así, la suma
de todas las distintas versiones de las sefirot conforman
el total de formas de la realidad material. La sefirá
de jesed del MUNDO DE LA EMANACIÓN es la «primera
versión». En la segunda «versión»
aparece jesed de jesed o gevurá de jesed, y en la
tercera gevurá de jesed de jesed, o la gevurá
de la gevurá de jesed, y así sucesivamente.
En cada versión la iluminación es más
específica, es decir, se adapta más exactamente
a una realidad específica.Y así como no existe
una iluminación similar a otra, tampoco existe una
realidad material idén-tica a otra.
Así, y tal lo aprendido, el MUNDO DE LA EMANACIÓN
es el pensa-miento de la creación, y las diez sefirot
del MUNDO DE LA EMANACIÓN incluyen en sí todas
las raíces espirituales de todo lo que acontece en
sus más ínfimos detalles. Por ejemplo, la
sefirá de jesed del MUNDO DE LA EMANACIÓN,
incluye todas las raíces de todos los acontecimientos
y las acciones que sustraen su fuerza de la sefirá
de jesed. Lo mismo sucede con el resto de las sefirot.
Toda realidad está
compuesta por las diez sefirot
Mencionamos anteriormente que toda realidad se conforma
y está regida por las diez sefirot. De hecho, cuando
dos realidades se distin-guen entre sí, lo que realmente
sucede es que las diez sefirot que las componen se diferencian.
En otros términos, la existencia y supervi-vencia
de cada creación proviene del poder del Infinito
–Ein sof– que actúa en ella. Cada unidad
de esta fuerza actuante se compone por diez sefirot, ni
más ni menos. Lo que ocurre es que la criatura de
menor nivel tiene menor capacidad de recepción, y
en esto reside la diferencia entre los seres creados.
Ya que toda sefirá está compuesta por diez
sefirot, es como si tuvié-semos diversas «versiones»,
cada una ellas de menor magnitud e importancia que la versión
que la originó, siguiendo el principio del desarrollo
gradual. Recordemos que cada fuerza actuante es, de hecho,
una unidad compuesta por las diez sefirot. Con esto se explica
el tema de los infinitos niveles de la fuerza actuante,
los cuales se adaptan a cada realidad de acuerdo a su nivel.
Las acciones humanas provocan
el despertar de las sefirot
Al igual que las ciencias naturales hablan de la ley de
conservación de la materia y la energía, la
Cábala se refiere a la «la ley de la conserva-ción
de las fuerzas espirituales» o «la ley de la
conservación de la obra del Creador». Todo
lo que hacemos, hablamos o pensamos, trae apa-
rejada una reacción en los mundos superiores, es
decir, en la raíz de todas las cosas.
Como ya lo mencionamos, El Creador quiso que su Divina Presencia
habitara entre los seres por El creados para preservarlos
y cuidar sus actos. La Presencia Divina es la sefirá
de maljut. Además, toda persona posee un alma que
es una «representante Divina» situada en su
interior, de modo que todo lo que hace está permanen-temente
conectado con su alma. Cuando decimos que la sefirá
de maljut «capta» o «percibe» por
un lado el servicio a Dios que el hom-bre realiza y, por
el otro, sus malas acciones, nos referimos a que la sefirá
de maljut está ligada al alma de esta persona. Así
una esencia espiritual (la sefirá de maljut) se conecta
con otra esencia espiritual (el alma).Ya que el origen de
todas nuestras acciones, palabras y pensa-mientos se encuentra
en nuestra alma, la sefirá de maljut percibe la esencia
de todo lo que hacemos, decimos o pensamos.
El rol de la sefirá de maljut es recibir y transmitir
a las sefirot.La conexión entre la sefirá
de maljut con la de iesod es en dos direccio-nes. Maljut
recibe de iesod y traspasa a los seres creados, y a su vez
recibe de estos y transmite a iesod. La sefirá de
iesod transmite lo que recibe de maljut en dirección
a las alturas espirituales, hasta alcanzar la raíz
misma de cada acción.
Cuando decimos que la sefirá de iesod transmite lo
que recibió de la sefirá de maljut a las sefirot
superiores, estamos implicando que se establece una especie
de debate entre las sefirot de netzaj, hod y iesod para
resolver si la esencia espiritual recibida de maljut es
digna de pasar a un nivel más elevado. Una resolución
positiva señala que existió un acuerdo entre
las sefirot, y que consideran que la raíz espi-ritual
del servicio a Dios es sublime y merece ascender. Cuanta
mayor devoción y entrega exista en el cumplimiento
de un precepto, aunque el mismo haya sido un acto físico
realizado por el cuerpo, la raíz espi-ritual de dicha
acción será más sublime y excelsa.
Así como todo acto material trae aparejado alguna
consecuencia, lo mismo sucede en el plano espiritual. Es
así como el servicio a Dios a través de los
preceptos de la Torá provoca la corrección
del alma y del mundo individual de la persona y repercute
sobre todo el resto de almas. Este es nuestro anhelo por
el que bregamos: corregir al mundo bajo el Reinado Divino.
Este es el propósito de toda la creación.
La sabiduría cabalística define y explica
los procesos de esta corrección. Especifica cuáles
son las fuerzas espirituales que operan para corregir el
mundo, y qué correcciones en cadena se provocan.
Más aún, explica cuáles son los daños
producidos por las transgresio-nes humanas y qué
debe hacer el hombre para remediarlo.
El despertar inferior es equivalente
al despertar superior
El nivel más bajo es el de netzaj, hod y iesod, y
es cuando un hombre cumple los preceptos como si estuvieran
forzándolo. Aunque en la práctica realiza
lo debido, lo hace sólo cediendo ante presiones del
medio. Cuando decimos que la sefirá de maljut «recibe»
el servicio al Creador y lo eleva, debemos discernir si
se trata de un servicio de jojmá, biná y daat,
jesed, gevurá y tiferet o netzaj, hod y iesod. El
cum-plimiento de los preceptos de acuerdo a las presiones
sociales corres-ponde al nivel de netzaj, hod y iesod, y
por eso la raíz superior de dicho servicio es de
un nivel inferior. Por otra parte, cuando un hom-bre cumple
con un precepto a nivel de jesed, gevurá y tiferet,
con emoción y entusiasmo, la raíz espiritual
de dicha acción es más ele-vada. El nivel
es superior aún cuando un hombre cumple con los pre-ceptos
Divinos al nivel de jojmá, biná y daat.
El despertar de los mundos superiores, o sea, de las sefirot,
está en función directa a la calidad del servicio
a Dios, y la abundancia mate-rial y espiritual que llega
a cada individuo depende de la excelencia de su servicio.
El servicio al Creador con
entrega absoluta
El mayor nivel de servicio a Dios es el realizado a través
de la entre-ga absoluta –mesirut nefesh. Este tipo
de accionar se halla más allá del intelecto.
Es mas, si esta persona lo consultara con su razón
tal vez ésta le sugeriría no hacerlo. Pero
hay un impulso especial de Santidad que no puede someterse
a la lógica intelectual.
Si el cumplimiento racional de los preceptos corresponde
al nivel
de jojmá, biná y daat, el cumplimiento por
entrega absoluta se iden-tifica con el nivel de la sefirá
más elevada, el keter.
Así como el cumplimiento de los preceptos al nivel
de jesed, gevu-rá y tiferet despierta a las sefirot
para influenciar a la altura de jesed, gevurá y tiferet
(y lo mismo en el caso de jojmá, biná y daat
y netzaj, hod y iesod), así también cuando
el hombre sirve a su Creador con entrega absoluta despierta
a las sefirot para influenciar a un altísimo nivel:
el de keter. Cuando se despierta en keter la voluntad de
influir, llega una abundancia «sin fin». Este
es el nivel más elevado en el ser-vicio al Creador.
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